Cáceres, Trujillo y Mérida: un paseo por la historia

on 26 noviembre, 2015

Hay destinos que raramente nos vienen a la mente cuando pensamos en la próxima escapada, y es una pena. Hoy nos ponemos castizos y os proponemos una ruta por el norte de Extremadura: un paseo desde la colonia romana de Mérida hasta la cuna de los colonizadores en Trujillo, pasando por el centro medieval de Cáceres. Un máster de historia en muy pocos kilómetros y a un precio asequible.

 

Cáceres, centro medieval Patrimonio de la Humanidad

Y no es para menos. Aunque el origen de la ciudad es romano, no fue hasta el siglo XII cuando la ciudad adquirió relevancia debido a su posición estratégica entre árabes y cristianos. Hoy conserva uno de los centros medievales más impresionantes de España: basta un paseo sin prisas por la ciudad para enamorarse hasta de las piedras.

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La plaza de San Mateo, en la parte más alta de la Ciudad Monumental de Cáceres.

La ruta comienza en la Plaza Mayor, fuera de la zona amurallada. Justo antes de pasar la puerta, a la izquierda, se puede visitar la llamada Torre del Bujaco y desde lo alto (o no tan alto, son solo tres pisos) se puede contemplar una panorámica de la ciudad, como esta:

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El centro medieval de Cáceres visto desde la Torre del Bujaco.

Junto a la torre se encuentra el Arco de la Estrella, de estilo barroco, que da acceso al recinto amurallado y conduce hasta la Plaza Santa María, donde está la Oficina de Turismo: imprescindible pasar y coger un mapa para situarse entre tanto monumento. Muy recomendable también visitar el cercano centro de artesanía de Extremadura, donde se pueden comprar las manualidades de toda la región.

Como puntos neurálgicos más adelante encontraremos la Plaza de San Jorge, centro y patrón de la ciudad, y San Mateo, en la parte alta del centro medieval. También es interesante visitar el Palacio del Aljibe o de las Veletas, que conserva en su interior un aljibe árabe excavado en roca natural, que todavía hoy cumple su función: recoger el agua de la lluvia.

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El aljibe, típica construcción árabe para almacenar agua.

En Cáceres, además de ver muchas iglesias, aprendimos la curiosa técnica del desmochado, utilizada por la realeza para someter a la nobleza. A menudo éstos tenían más dinero y más tierras que la propia corona, y no dudaban en cuestionar su poder. Por eso los monarcas, cuando conseguían sofocar sus ataques, convertían sus torres en mochas: las desproveían de su principal elemento defensivo, los parapetos, lo que las convertía en indefendibles.

Para el alojamiento, Cáceres fue nuestro campo base. Escogimos el Hotel Alfonso IX y no pudimos tener mejor suerte. Muy cerca del centro, y nos ofrecieron sin coste adicional un apartamento, totalmente renovado, en lugar de la habitación estándar. El único inconveniente es la dificultad para llegar hasta allí si se va en coche, puesto que es zona peatonal y el GPS enloquece un poco.

 

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La famosa taberna del Inglés, muy bonita pero casi siempre cerrada.

 

Trujillo, cuna de la colonización de América

A unos 50km al este de Cáceres se encuentra Trujillo, en el antiguo camino hacia Madrid. De raíz celta, diferentes modas arquitectónicas han ido dando forma a la ciudad, conociendo su máximo esplendor en la época de dominación musulmana, y la consiguiente reconquista, siempre con un marcado carácter militar.

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Pizarro, el vecino más ilustre de Trujillo, preside la plaza mayor.

El principal atractivo turístico de Trujillo es su castillo, construcción cristiana sobre una antigua fortaleza árabe. Son 17 torres cuadradas alrededor de un patio de armas cuadrado y un aljibe para almacenar el agua: una estructura sencilla pero con un propósito muy claro, militar. Como no hay mucho más por ver, uno puede quedar algo defraudado con la visita, pero lo compensan las impresionantes vistas.

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Aunque el castillo en sí no da para mucho, las vistas compensan la subida.

Para llegar al castillo desde la plaza mayor se pasa por las principales iglesias y casas de la nobleza que merecen una visita, como la Iglesia de Santa María la Mayor. La anécdota del día: el campanario fue reconstruido a finales del siglo XX y Antonio Serván, el artesano a cargo de los capiteles de piedra, decidió esculpir en uno de ellos el escudo de su club, el Athletic Club de Bilbao. True story.

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Calles de Trujillo un 20 de agosto a la hora de la siesta.

Sin embargo, por lo que es más conocido Trujillo es por ser el lugar de nacimiento de colonizadores como Francisco Pizarro, conquistador  del Perú, o Francisco de Orellana, descubridor del Amazonas. Una imponente estatua de Pizarro en medio de la plaza ya da pistas del fervor que muestra Trujillo por su vecino más ilustre. En su casa familiar, se puede ver un cuadro de lo que los españoles llevaron a América, como el trigo, la lechuga o los cítricos, a la derecha; y lo que se trajeron de allí, como el tomate, el tabaco o el cacao, a la izquierda.

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Lo que los españoles llevaron a América y lo que se trajeron de allí. Ella no parece muy contenta.

 

Mérida, antigua capital de provincia romana

La tercera ciudad de este recorrido (y puede que la mejor, pero para gustos colores) es Mérida. Antes, un poco de frikismo cinematográfico: en la versión doblada en español de la película Gladiator, su protagonista Máximo Décimo Meridio, dice que es de cerca de Emerita Augusta, es decir, Mérida. Sin embargo, en la versión original en inglés dice que es de cerca de Trujillo. ¿Por qué será?

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Aún se conserva la calzada original que llevaba (y lleva) hasta el teatro.

La joya de la ciudad es el teatro, construido bajo el patrocinio de Agripa, amigo íntimo y yerno de Augusto, cuando la colonia fue promovida como capital de la provincia de Lusitania. Aquí  cabían 6.000 espectadores, distribuidos de abajo a arriba según su rango social. Hoy, desenterrado y restaurado, dicen que es el mejor conservado de Europa y el único que ha vuelto a cumplir su función original.

 

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El teatro romano de Mérida es el único que ha vuelto a cumplir su función original.

 

 

Si vais en verano no podéis perderos la experiencia de ver una obra del Festival Internacional de Teatro Clásico y transportaros 2.000 años hacia atrás en el tiempo. Nosotros vimos El Cerco de Numancia, tragedia escrita por Miguel de Cervantes, sobre cómo resistieron los numantinos a la invasión romana. La obra fue concebida para ser representada en este tipo de teatros y esto sumado a su brutal puesta en escena le ha valido el premio del público este año.

Contiguo al teatro, aunque en peor estado, se encuentra el anfiteatro, que acogía espectáculos más populares como los juegos de gladiadores o las luchas entre animales salvajes. Otros edificios destacables de lo que queda de la ciudad romana son el circo para las carreras, de casi medio kilómetro de largo, o el Templo de Diana, dentro del cual se construyó un palacio renacentista que en parte ha asegurado la estructura de la obra romana.

 

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El templo de Diana, dentro del que se construyó un palacio renacentista.

 

¿A quién le apetece este máster de historia en un fin de semana?

 



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