Cinco razones para descubrir Milán (y ninguna es la moda)

on 15 abril, 2015

Milán es un destino ideal para una escapada de fin de semana: cerca del aeropuerto de Bérgamo, conquistado por las aerolíneas low cost; buena comida como siempre en Italia y planes variados para una ciudad que se ve en 48 horas.

Es conocida por ser la capital de la moda y alberga el famoso quadrilatero d’oro, un cruce de calles abarrotadas de tiendas exclusivas, pero nada que hoy en día no pueda encontrarse en la mayoría de las capitales. A continuación compartimos cinco perspectivas, sin contar la moda, desde las que descubrir Milán.

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1. El extravagante Duomo

Tan extravagante que tardaron 600 años en terminarlo, pero valió la pena.  Hoy el Duomo de Milán es una de las catedrales góticas más grandes del mundo y. aunque esto va a gustos, probablemente una de las más bonitas.

Del exterior destacan las más de 3.000 esculturas que adornan la fachada en un mármol cuyo color varía según la fase de limpieza y/o restauración. Del interior destacan los rosetones que tienen fama de ser los mayores del dominio cristiano.

La visita es especialmente recomendada porque se puede  subir hasta lo más alto de la catedral, y perderse entre pasillos góticos que además ofrecen unas muy buenas vistas de la plaza central y de toda la ciudad.

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2. Los inicios de Da Vinci

Aunque Da Vinci era, como su nombre indica, de Vinci, cerca de Florencia, sus primeros pinitos fueron en Milán. En concreto, fueron al servicio del duque Sforza, un señor presente en toda la ciudad porque un día fue suya.

En el convento Santa Maria della Grazie se encuentra el mural original de “La Última Cena” pintada por Da Vinci, que ocupa más de 30 metros cuadrados, algo más que los minipisos de Zapatero. En él se representa el momento en que Jesús,  cenando con sus amiguetes los apóstoles, cuenta que uno de ellos le traicionará. O de ellas, porque en directo, la eterna duda de si Juan es en realidad María está más que justificada.

Para entrar a ver el “Cenacolo Viniciano” hay que sacar entradas con días de antelación: solo dejan pasar pequeños grupos, exigen que haya silencio y las fotos están prohibidas con insistencia. Sin embargo, todo esto no debe disuadir al cómodo viajero, porque el convento y especialmente el claustro valen la pena.

Y Leonardo también. Por eso tiene una estatua en medio de la ciudad en la que se le nombra “renovador de todas las artes y las ciencias”. Dios nos libre de contradecirlo.

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3. La cuna de la ópera

No, no intentaremos colar que somos asiduos de la ópera, pero si se está ante uno de los mayores escenarios de ópera del mundo, pues se va. El Teatro alla Scala recibe este nombre porque fue construido en el lugar donde se encontraba Santa María alla Scala, después de que un incendio destruyera el antiguo teatro de la ciudad. Desde entonces ha sido el lugar de estreno de grandes óperas de Rossini, Donizetti, Verdi o Puccini.

Curiosidad 1: Dicen que Verdi se negó durante años a estrenar aquí sus obras, porque estaba convencido de que la orquestra modificaba sus composiciones.

Curiosidad 2: Ninguna obra puede terminar aquí más tarde de medianoche, así que los horarios varían en función de la duración de la obra para preservar esta premisa.

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4. Un cementerio de arte

El Cimiterio Monumentale es un enorme cementerio en el que las tumbas estándar no tienen cabida, pero si pirámides egipcias, templos griegos y hasta una imitación de la Columna de Trajano de Roma.

Las familias más adineradas y los personajes más famosos de la zona están enterrados aquí. Incluso hay una especie de ‘salón de la fama’, llamado famedio, en el que para entrar hay que conseguir el consenso de una comisión de expertos que aprueba qué restos mortales son dignos de este lugar. Pero los que se quedan fuera tampoco están exentos de normas: los diseños de los mausoleos tienen que ser aprobados para evitar, por ejemplo, estatuas que enseñan más de la cuenta.

Entre las tumbas más espectaculares cabe destacar la de los Campari (los del vermouth), una escultura que representa una interpretación libre de la Última Cena. Aunque la idea de seguir el mapa del cementerio en busca de obras de arte suena algo macabro, lo cierto es que vale la pena y lejos de ser un entorno lúgubre, predomina la luminosidad.

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5. Colosos del deporte

Según el tópico, Milán es la ciudad de la moda, pero lo cierto es que es muy de machos. En primer lugar, por el espectacular estadio que comparten los dos equipos de la ciudad: Estadio Giuseppe Meazza, oficialmente y para los del Inter, o San Siro, para los del Milan y el resto del mundo. Se inauguró hace casi un siglo, con un derbi que aún hoy el Milan se jacta de haber ganado. Pese a su antigüedad, ha ido añadiendo niveles de gradas y hoy es el estadio con más capacidad de Italia.

Por otro lado, aunque Milán está a un cuarto de hora del circuito de Monza y a dos horas de Maranello, fábrica original de Ferrari, la ciudad se ha apropiado de la fama del cavallino rampante. A pocos metros del Duomo se levanta una Ferrari Store de cinco plantas, una mezcla entre tienda y museo. Entre otras cosas, se pueden comprar réplicas de los mandos utilizados en los Fórmula 1 por 2.200€. Yo porque soy catalana y todo me parece caro, pero si uno gusta… Y para los más aficionados, hay varias excursiones organizadas hacia Monza y hacia Maranello.

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Bonus track: Una recomendación gastronómica.  En Italia siempre se come bien, y Milán  no es una excepción. Algunos de los platos típicos más famosos son el carpaccio como entrante, los gnocchis como plato principal y, como los más avispados habrán avanzado, la escalopa a la milanesa o cotoletta. Estas y otras delicias pueden probarse a buen precio y con un servicio fantástico en Nerino Dieci, una trattoria mitad antigua mitad moderna, y bastante céntrica. La casa invita a shottinos caseros de especialidades de la zona, como melón o melocotón.

 



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