Les Moles: una estrella michelín entre olivos milenarios

on 24 marzo, 2015
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Ulldecona. Comarca del Montsia (Cataluña)

El mundo se divide en dos tipos de personas: los que reconocen haber utilizado el GPS para llegar a Les Moles y los que mienten. Y no es que sea muy complicado llegar hasta el lugar –según los vecinos de la zona “es imposible perderse”. Ya, como si nadie hubiese dicho esas palabras alguna vez sabiendo que en realidad la persona en concreto se está adentrando en el laberinto de Alicia en el país de las maravillas. Pero también es bien sabido que todo lo que vale la pena vale la espera.

Llegas y te enamoras del lugar al momento. Libre de estridencias, auténtico y en perfecta armonía con el entorno. Sales del coche y de repente te encuentras en medio de lo que antaño fue una cantera de piedra, en otro tiempo ruidosa y ajetreada. Cuesta imaginar que en aquel sitio hubo algo diferente a calma y sosiego.

A medida que avanzas hacia la entrada de la casa –sí, visto desde el exterior no deja de ser una masía bien conservada- no puedes dejar de observar, a la derecha, el enorme algarrobo –muy típico de la zona, por cierto- hasta que lo sobrepasas y te encuentras con una pequeña mesa de exterior, de madera, que en otra vida había sido un remolque utilizado por los payeses del lugar para trasladar la cosecha del huerto a sus casas.

 

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En el interior del restaurante te espera Carme, propietaria del negocio junto con su marido, Jeroni, el chef de Les Moles, encargado de elaborar la cocina de autor que da fama al lugar. Mientras Carme te acompaña hacia la mesa reservada –importante llamar con unos días de antelación-, vas ojeando a tu alrededor: paredes de piedra, ventanas pequeñas típicas de casa de montaña y esa luz tenue que invita a relajarse y dejarse sorprender por lo que vendrá a continuación.

 

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En nuestro caso, ya habíamos decidido por teléfono que íbamos a probar el menú ‘El camino recorrido’ -al parecer es unos de los más solicitados por los comensales. El nombre puede llevar a confusión, lo reconozco. Uno lo oye, o lo lee en la carta, y de seguida se le viene a la cabeza las vueltas que ha dado por Ulldecona antes tragarse el orgullo y encender el GPS. Pero no van por ahí los tiros. Aunque tendría su gracia.

 

El camino recorrido’ es un menú degustación de los platos que más éxito han tenido durante los veinte años de vida del lugar. Eso ya de por sí suena bien, pero no queda ahí la cosa. Hasta ahora estábamos acostumbrados a que el orden protocolario en las comidas procedía de la siguiente forma: entrantes, primer plato, segundo plato y postre -aunque el mayor deseo de cualquier persona es empezar por el postre y, luego, si todavía apetece, ya vendrá lo demás. Este orden cambia con el menú ‘El camino recorrido’. De primeras te sirven la cuenta. Y piensas: vale, debe haber una cámara oculta. En ese momento, el maître acude a tu auxilio y te explica que la cuenta también forma parte del menú, o sea, que es comestible. Te ríes y piensas que esa va a ser una comida muy poco convencional.

Siguiendo el orden -o el desorden- llegan los postres. Café, copa y puro. Entonces ya sí que no sabes qué pensar. Bueno sí, piensas: pero si yo no fumo, a ver a quien le doy ahora el puro, si no sé de nadie que fume puros. Apartas el tema del puro un segundo, porque ves que al lago te han servido una copa de whisky Cardhu. En ese momento solo se te pasa una cosa por la cabeza: odio el whisky. Aunque lo peor es que si acabo bebiéndome esto necesitaré el GPS hasta para ir al baño. Y miras a las izquierda y ves el café, con su espuma y su cacao por encima. Esto sí me gusta, piensas, no todo son malas noticias. Justo entonces aparece el maître para confirmarte que no es necesario salir a la calle a degustar el puro, que se puede hacer en la misma mesa, que en verdad se trata de un puro de pimiento verde y mousse de puerro. Tampoco hará falta utilizar el GPS para ir al baño, esto lo pienso yo, al descubrir que la copa de Cardhu contiene, en verdad, un caldo de verduras al whisky. Entonces miras con desconfianza el café, debe ser otro trampantojo, piensas. En efecto, se trata de un capuchino de alcachofa y avellanas.

 

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A partir de ese momento, y una vez terminados los ‘postres’, ya empieza lo que es en sí la degustación. Muy a mi pesar, no voy a descubrir aquí todos los platos que componen el menú, ya que un factor importantísimo que convierte esta degustación en una experiencia única es la incertidumbre de no saber con que te sorprenderán a continuación. Conoces los nombres de los platos desde el principio, por supuesto, al igual que el año en que se creó cada uno –el más antiguo, Canelones de sepia rellenos de calamares y langostinos, es de 2001. También los puedes consultar en su página web.

 

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Aún así, nada tiene que ver lo que uno se imagina al leer el nombre con lo que después te encuentras en el plato. Esa es la gracia y el encanto del menú. Sorpresa constante y productos de excelente calidad, todos provenientes de las comarcas de alrededor: marisco de Sant Carlos de la Rápita, vino D.O. Terra Alta,… Y, ¿os acordáis del enorme algarrobo que había en la entrada? ¿A qué no adivináis para que se utilizan sus frutos?

 

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Exacto, para hacer un Magnum de algarrobas.

Si ya de por sí la experiencia es excelente, solo falta acompañarlo con una noche en el Hotel Lloc d’Omm para tener un fin de semana idílico. Justo a 4 Km del restaurante se encuentra este pequeño refugio, ideal para hospedarse en plena naturaleza y a pocos minutos del pantano de Ulldecona, el Museo de los Olivos Milenarios y del Centro de Interpretación de Pinturas Rupestres, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El Lloc d’Omm dispone solamente de siete habitaciones, lo cual garantiza tranquilidad y reposo, pero también obliga a reservar con cierta antelación.

 

Dirección: Ctra. La Sénia, Km. 2, 43550 Ulldecona (Montsià)



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